Y ahí estaba…inmóvil, sereno, rechazando cualquier opinión que pueda afectarle, con el mando en la mano y la mirada perdida, tenía los labios secos, es la última imagen que tengo de él, podría enumerar todos los momentos que he vivido y que he robado de su vida, podría dar detalles milimétricos de todas las partes de su cuerpo.

Él…viajaba por las noches, dormía por las mañanas y vivía empeñado en que su realidad era la realidad, los fines de semana no afectaban en su vida, muchos lunes se levantaba, sereno, despreocupado, despeinado y solo con un calcetín, como todas las mañanas de domingo, se giraba, apagaba la alarma de aquel ruidoso despertador y dormía otra vez, al despertar, con los ojos rojos de tanto dormir y sudoroso salía al salón expectante de alguna noticia nueva….Caminaba solo, apoyando una mano en la pared y casi siempre murmurando frases incoherentes, así hasta que sentía la puerta del lavabo, al entrar, perdido en tres metros por dos, intentaba despertarse echándose tres gotas de agua a la cara

Al medio día cuando se sentía sumamente cansado hacía una de sus varias siestas, que generalmente duraban lo que dura una película...

Era tan descuidado, tan feliz en su mundo, pero tan infeliz en el nuestro que con el paso de los días se transformó en un ser solitario, volátil, triste y personal.

Recordar las mañanas que se levantaba apagando el despertador con precisión, me resulta difícil, pero esos días estaban llenos de risas, de momentos inolvidables y de alguna que otra inseguridad preventiva por su parte, me gustaban esos momentos, me gustaba rozar con él algún limite de alguna locura.

También he olvidado sus ojos deseando plasmar en un hoja todo lo que su mente le gritaba, giraban desesperados buscando en su habitación algo que se le pudiese parecer en lo más mínimo, rasgaba sus hojas con trazos incoherentes, llenos de fuerza y algunos entrecortados, cuando a la hoja se le había acabado el blanco, seguía con su desordenada numeración, abría el tercer cajón: sacaba la siguiente carpeta y lo guardaba, siempre me repetía, “ nunca entenderás mi orden, pero dentro de cada carpeta de cada sobre hay un motivo para que el seis sea el dos y el dos sea el seis”, jamás se lo dije, yo sabía como funcionaba su sistema de numeración, pero por si esto suponía para él alguna inseguridad y se decidía a cambiarlo, lo mantuve en secreto.

Aquella tarde nos enfadamos, escuché por primera vez como maltrataba a los objetos estallándolos contra la pared, escuché dos insultos contra la vida y su forzado respirar de fumador, no me atreví a acercarme, poco a poco, avance hasta mi habitación, en el suelo su sombra se extendía como una hipérbole de su rabia.

Me hubiese gustado, entrar por esa puerta, extender mi mano hacía su cara y con un beso, calmar todo su enfado, pero esta vez algo me obligaba a alejarme de él, diría que se sentía perdido, y cuando él se pierde no sabe encontrase, no puede retomar el punto donde sintió perder el control, en su mundo mágico de sensaciones esta es una de las que no le gusta, perderse, es angustiante, sólo pensar en esto le hace sufrir, decidí darle espacio y camine hacia mi habitación e intenté reconstruir la tarde para poder entender su enfado, lo que ya me resultaba difícil, en los años que llevábamos juntos ninguna frase que fuese en dirección contraria que la suya le había afectado tanto como hoy, siempre estaba muy abierto a toda frase nueva que pudiese escuchar, antes, me escuchaba con respeto, expectante, intrigado, sin embargo ahora, me pareció que buscaba una excusa, un motivo para enfadarse, un justificante para desestresarse y cargar todo su odio contra objetos inanimados imaginado que estos representaban a alguien.

Nuestra relación con los años se fue desgastando, menos mal, no podíamos seguir gastándonos nosotros, yo siempre le quise, creo que él no a mi, su personalidad volátil no era lo suficientemente fija para quedarse conmigo, pero no me importaba, me apreciaba y cada abrazo me envolvía un mundo, es más, no había nadie que lo conociera más que yo, muchas veces dependía de él un domingo por la tarde, pero el siempre me necesitaba los lunes por la mañana… pero claro, al final, si hay un final es mejor acabar, pero he de reconocer, que si en algún momento antes de que esto empezara a morir yo le hubiese dejado de aportar sentimientos, sensaciones o hubiese hecho su vida infeliz, él me hubiese dejado sin pensarlo dos veces, no soportaba a las personas que le demostraban mala energía, no soportaba mirar la tristeza o la indiferencia en la gente.

No estoy segura de lo que realmente nos paso, pero yo ya no era la de antes, la de hace mucho tiempo, era un triste recuerdo de aquello que me gustaba ser, y él su antiguo él se perdió en algún lugar que no logro identificar, tenía la facultad de reflejarse en el día, si salía el sol, estaba feliz desprendiendo energía por todos sus poros, sin embargo, cuando hacía un día gris, estaba apagado, triste, se sentaba en el sofá pensativo, como si estuviese buscando al sol en algún hueco vacío entre nube y nube, ahora…sólo habían días grises sobre grises, por esto, pensé en dejarlo marchar, sabiendo que él era incapaz de soportar en su espalda alguna responsabilidad, huía de las responsabilidades, le sobrepasaban, no sabía como tratarlas, no sabía como enfrentarse a ellas, decidí probar suerte… ¿Qué más da no tener un motivo para hacerlo? ¿Qué más da si se va y no regresa?.

Enciendo un cigarro, mientras dejo de pensar, él sigue trazando sus líneas en sus hojas, muchas veces he pensado que si un día logro unir todos sus dibujos, todos sus trazos incompletos llegaré a entender muchas cosas que él no me ha explicado ni me explicará nunca.

Se levanta, empieza a girar por toda la habitación, abre los ojos expectantes a toda información de la cual se pueda aprovechar, yo lo miro desde abajo, me parece oír de fondo su risa como antes, el sonido viene desde el fondo de la habitación, si me concentro, aún puedo recordar su ropa y su sonrisa… Cuando cae la noche no me compensa todo lo que me da… ¡Debería irme y dejarlo solo con su silencio y con sus lápices! pero estoy tan acostumbrada a él…

Ese día se acercó a mí lentamente y con la mirada fija en mis ojos.

- Trss, trss

- ¿Qué? contesté temblorosa y con el cuerpo recibiendo sensaciones.

- ¿Escuchas el silencio?

- No, pero te escucho a ti -parecía sediento de mi voz, sin embargo se giro y volvió a sus folios.

Estas frases fueron las únicas, que nos dijimos en algunos días, antes manteníamos diálogos incoherentes, con miradas fijas y sensaciones en el cuerpo, supongo que esto era de lo único con lo que nos alimentábamos el alma.

Él vivía de sensaciones y yo de lo que éstas dejaban en él.

Cuando lo conocí, sus ojos eran transparentes y su mirada era dulce, siempre sonreía porque aprendió que la tristeza no le ayudaba en nada ¿Dónde esta su sonrisa? ¿Se habrá perdido con el tiempo o yo habré ayudado a perderla? Ahora casi no sonríe.

Antes íbamos a la playa casi todos los días en verano, buscábamos la playa más lejana, la más solitaria, le gustaba aquella sensación de soledad con el mar, se aprovechaba de su juventud para utilizar sus defectos en su favor…

Como me gustaría recuperarte, recuperar ese momento cuando nos empezamos a conocer.

Confesarte cuanto te necesito, ahora mismo no es importante, tus oídos me han dejado de escuchar, y tus manos se han cansado, sé que quieres dejarme y yo quiero dejarte a ti, pero ahora estás inmóvil, eres un hielo que comprime sentimientos, aún no entiendo que te pudo pasar, aún no entiendo como hemos podido dejar morir todo esto que un día decidimos crear, así no se tratase de amor, tú sentías que querías estar junto a mi y yo sentía que quería seguir contigo…

Míranos…sigo fumando…y tu sigues buscando algo en la televisión que pueda ayudarte a superar el silencio que abunda…siempre te lo he dicho lánzate como antes, disfruta como antes…cree en ti como antes…pero sigues sin escucharme, sigues quieto…

Lo siento…no puedo seguir mirándote así, tan inerte, tan pasivo, sigues cambiado de canal, lo siento…lo siento…sigues sin escucharme…

Me levanté cerré la puerta con fuerza, para que el eco retumbará en su mente, la abrí poco a poco con la esperanza que como años atrás corriese detrás de mi, en busca de apoyo, pero ahora…era diferente… él, seguía igual y yo ya no estaba allí.